Los cambios económicos y sociales a lo largo de la historia de Ciutat, sobre todo en las últimas décadas, han propiciado la pérdida patrimonial de sus grandes casales.

patio can balaguer casas señoriales palma

Can Balaguer, en pleno centro de Palma, tiene uno de los patios mejor conservados. Foto: Adrià Goula.

Del medievo a la actualidad y de la antigua nobleza a la actual élite empresarial. La estructura social de Palma ha evolucionado mucho en los últimos siglos, más aún en las últimas décadas, pero si hay un elemento fruto de estos cambios sociales y económicos que pervive es la casa señorial. Refugio de nobles y de familias poderosas que son el relato vivo de cómo vivía la oligarquía mallorquina desde que surgieran las élites a finales del siglo XV, que se consolidarán tras la revuelta popular de la Germania. Casas señoriales -y no palacios, según los expertos, excepto el del obispo y, desde que pertenece a Patrimonio Nacional, la Almudaina- que son testigos del paso del tiempo y a la vez víctimas patrimoniales de los nuevos modelos económicos y sociales.

“Entre los siglos XVII y XVIII, las familias más importantes acumularon propiedades mediante la creación de fideicomisos”, relata Bartomeu Bestard, cronista oficial de Palma. “La acumulación de estos fideicomisos”, o vincles en mallorquín, “condujo a la formación de grandes casas, cuyo esplendor se prolonga hasta su declive, marcado por las desamortizaciones y la Constitución de Cádiz, en 1812”.

Tierra de comerciantes

Román Piña Homs, presidente de la Reial Academia Mallorquina d’Estudis Històrics, Genealógics i Heràldics, explica que “la aristocracia mallorquina nació del comercio, no por participar en grandes batallas o por méritos militares”. Algunas familias de origen italiano como los Orlandis o los Cotoner “edifican un imperio mercantil y buscan a través de enlaces matrimoniales o dinero el favor real para conseguir el título aristocrático”. Así, la evolución de estas casas señoriales es también la de las grandes familias de la isla y su lucha por el poder: Armadams y Spanyols; botiflers y carlistas; austracistas y borbones; Canavall y Canamunt…

Bartomeu Bestard: “Si no se hubiese producido la transformación burguesa, hoy Palma sería de muy pocas familias”

En el siglo XIX irrumpen las ideas liberales, “se retiran los derechos feudales y los fideicomisos dejan de existir, por lo que el patrimonio se empieza a desmembrar”, apunta Bestard. “Muchos xuetes con capital y otros miembros de la burguesía lanzan ofertas de compra y las grandes familias se desprenden de algunas de sus propiedades”, explica el cronista, quien asegura que “si no se hubiese producido la transformación burguesa, hoy Palma sería de muy pocas familias”. Además, algunos herederos de los grandes linajes se iban a estudiar fuera; otros desobedecían a sus padres, no casándose con quien le imponían. Piña constata la revolución que supone poder casarse por amor: “Que la niña pueda decir el sí lo cambia todo”.

Román Piña Homs

Román Piña Homs.

Escándalos y octavillas

Así, casos como el de la familia Zaforteza, cuyo heredero se casó con una chica de origen humilde, fue un escándalo, hasta tal punto que la madre fue al Rey para quitarle sus privilegios. Estos enlaces también ayudan a desarticular las casas señoriales como espacio físico pero también derivan en diferentes ramas dentro de los linajes -Burgues Zaforteza y Quint Zaforteza, por ejemplo-, que no aceptan el casamiento con plebeyas. Otro de estos escándalos afectó a los Oleza, cuando un heredero se casó con una Roselló, hija de un hornero. Por toda Palma circulaban octavillas riéndose de ellos.
Por su parte, Piña añade que “muchos matrimonios se hacían en secreto, pero al conocerse saltaba el escándalo”, y recuerda el que sufrieron los marqueses de la Bastida -familia Montis- al casarse un heredero con la hija de un sastre.

Son múltiples los motivos que han propiciado que casas señoriales con un valor patrimonial incalculable no hayan sobrevivido a los devenires del tiempo. Hoy muchas de ellas son hoteles o pisos de lujo construidos sobre los dramas familiares de la nobleza. Herencias que no se pueden afrontar, ausencia de herederos, reparto entre hermanos, etc. Y, según afirma Piña, “los linajes están intrínsecamente relacionados con la casa; el día que esta desaparece, el linaje queda prácticamente en el aire”.

Visita patio Can Balaguera Open House

Visita al patio de Can Balaguer. Foto: Open House Palma.

Cambios en Palma

En lo social, con la apertura de la ciudad y la desaparición de las murallas, se impone un sentido más práctico. “Conventos que ocupaban manzanas, como Santo Domingo, permiten crear zonas con casas de estilo más racional, donde la utilidad impera”, describe Piña. Más tarde, cuando irrumpe el Franquismo, “aparecen sociedades dedicadas a la construcción”. Es el caso de Juan March, “cuya empresa promotora actuaba en las zonas más depauperadas de Palma como Calatrava, Socors, Sitjar… Se destruyeron casas miserables, pero también algunas importantes, creando barrios nuevos que dan una nueva fisionomía a la ciudad”.

Hoy muchos casales son hoteles o pisos de lujo construidos sobre los dramas familiares de la nobleza

Piña recuerda cómo otros grandes casales se han ido perdiendo. “El antiguo edificio del Cambio Mallorquín, adquirido por los Salas -de los navieros-, fue comprado hace unos años por el Parlament y hoy son oficinas para los partidos políticos con representación. Es muy expresivo el hecho de que las instituciones las adquieran”.

Alcoba de Can Balaguer J Gual

Alcoba de Can Balaguer. Foto: J. Gual.

Él mismo participó en la compra de Ca la Gran Cristiana por parte del Ayuntamiento. “Se compró en 1968 por 17 millones de pesetas”. Hoy este casal es el Museu de Mallorca. En 1975, Cort hizo lo propio con Can Morell, hoy más conocido como Can Solleric, aunque esta vez su precio ascendió a 37 millones de pesetas. O Cal Reguer, comprada por el músico Josep Balaguer en el siglo XX, quien en su testamento cedió la casa a una administración pública. Después de ser ofrecida a la entonces Diputació -actual Consell, quien rechazó la propiedad- finalmente el Ayuntamiento la adquiere para seguir desarrollando su labor como Círculo de Bellas Artes de Mallorca. Hoy es conocida como Can Balaguer.

De algunas que todavía forman parte de Ciutat, su futuro es más que incierto. Como Can Oleza, adquirida por el dueño de Quirón, el asturiano Víctor Madera, o Can Armengol, donde el presidente de Ryanair, Michael O’Leary, está construyendo su propia vivienda.

💡 Sigue leyendo sobre el tema.

Aina Pascual: «Palma ha llegado tarde a la protección de su patrimonio».

Pedro de Montaner: «Can Vivot es un legado que hemos salvado de proyectos inmobiliarios».

mallorca-caprice-ya-en-qioscos